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24 de diciembre de 2009

De Hombres y Hadas


C
anto de larcos, vuelo de lanzas,
baile de hojas, golpe de hachas,
gritos y golpe, en el claro hay batalla,
testigos el roble, el olmo y el haya.

Noche que muere, brazos que fallan,
piernas se doblan, vidas se apagan,
carrera hacia el bosque, un soldado herido,
antes que capturado vivo, elige morir perdido.

Sangre que escapa, tiñendo el río,
aguas que rugen, la llegada del frío,
día moribundo, carne abierta,
guerrero sin fuerzas, el abismo lo espera.

E
speranza olvidada, sus ojos se cierran,
melodía en murmuro, la ninfa se acerca,
mirada fija, sonrisa y dulzura,
piel de plata, bañada de luna.



Sangre retorna, heridas se cierran,
agua de ninfa, corriendo en sus venas,
sueño de fiebre, tiempo se detiene,
alma confusa, su mente se pierde.

Beso y placer, caricia y lujuria,
voluntad rendida, guerrero sin furia,
armas perdidas, carne hambrienta,
combatiente que olvida, solo hombre de vuelta.

Horas o días, semanas o meses,
recuerdos que llaman, deber que no vence,
músculos agotados, piel satisfecha,
guerrero de nuevo, hechicería deshecha.

Soldado que parte, rompiendo cadenas,
ataduras de voluntad, bajo miel y de seda,
ninfa que llama, luchador que huye,
criatura del bosque, su promesa mascuye.

Menos de un año, el hombre guerrea,
ya no hay placer, en nada de esta tierra,
su alma se enferma, su cuerpo también,
angustiado grita, "que me has hecho, mujer!".

Muere joven, sin heridas que ver,
sin tos ni peste, muere su ser.
Ve que el hombre, al hada no ha de tener,
pues probado lo mejor, ya no queda más por querer.

Por Valandil (A.C.)

22 de agosto de 2009

Lágrimas de Savia



Ayer caminé por los senderos ancestrales,
mis pies me llevaron hasta el corazon del bosque
conté mis pasos durante un día y muchas noches,
buscando compañia del árbol y los animales.

Encontré a los hijos de la espesura,
bailando descalzos sobre el pasto
con su música y sus voces de faunos,
simples bajo la penumbra púrpura.

A un costado me senté maravillado,
mirando bajo hechizo el baile de hedonismo
asombro y retinencia noté en mi mismo,
ya que entrar ansiaba pero no estaba preparado.

E
n un parpadeo las voces me dejaron,
y la soledad me dió un gentil empujón al sendero
fui sin botas para que mi andar sea mas placentero,
y las hojas bajo mi paso se alegraron.

Vagué ensimismado perdido en mis sentidos,
la caricia del follaje caído me consentía
y en el canto de los que vuelan me perdía,
caminaba soñando,despierto y dormido.

Mis ojos cerrados estuvieron siempre,
pero los robles me llevaron seguro mientras andaba
perdido en su canción primigenia yo estaba,
aún hoy en esa melodía mi ser se pierde.

El cantar de un árbol es algo misterioso,
se siente grave y triste adentro del pecho
o roza la piel sonando sereno y bello,
pero siempre sutil y casi silencioso.

Yo entendí lo que ellos me cantaban,
llamaban a gritos a sus guardianes perdidos
los que buscaron el horizonte ahuyentando los gruñidos,
de las aberraciones que los desterraban.

A corazón partido les dije de mi ignorancia,
que a mi saber eran una leyenda hermosa pero distante
pero con lágrimas de savia amarga me hicieron participante,
y su amargo saber dejó mi existir sin importancia.

Hacía mucho que habían partido,
y su ausencia entre sus hermanos de corteza
habían justificado la ilusión del baile en mi cabeza,
para que maravillado yo busque a los perdidos.

Afligidos se mostraron los robles,
al ver que su justificado intento había fracasado
que mi ser soñador e inocente había olvidado,
el encargo sutil de los apenados árboles.

Un silencio ahogado en pena flotaba,
pude sentir el sentimiento de derrota en ellos
la pena los dejaría secos y sin su cantar tan bello,
supe lo que sería si yo no hablaba.

Asi que les ofrecí mi ayuda,
llenando mi pecho de orgullo di mi palabra
de traer de vuelta a los hijos del bosque a sus casas,
aunque estén bajo la mar o sobre las terribles alturas.

Y hoy estoy aquí sentado contándote,
con cinco docenas de inviernos sobre mi espalda
todavía buscándolos con antorcha y espada,
y los robles aún esperan ver mi estandarte.

Mañana honra mi nombre y salva a los robles!
Ya que estos ojos no pueden ver donde está el horizonte,
camina por mi sobre cada piedra y tras cada monte,
buscando hasta siempre a los hijos de los bosques.

Por Valandil (A.C.)

7 de abril de 2009

De la Traición Del Hombre y la Ira de la Naturaleza



Lento, lento camina hacia adentro
despacio, despacio vas sin saberlo
camina, camina bocado suculento
tranquilo,tranquilo hacia tu descanso eterno.

Se quejan, se quejan las hojas cuando pisas
detrás tuyo, detrás tuyo voces y susurros
el miedo, el miedo y tu voluntad hecha trizas
lo sabes, lo sabes tu final será oscuro.

Cruje, cruje la madera a tus espaldas
chillan, chillan las aves en la altura
rascan, rascan tu cuerpo las ramas
risas, risas bailando en la espesura.

Verde, verde la luz se transforma
mueren, mueren los rayos dorados
el cielo, el cielo por el techo no asoma
esperanza, esperanza es cosa del pasado.

Maldito, maldito este bosque dices
recuerda, recuerda todo lo que le has robado
a la rueda,la rueda por su fuerza bendices
pagarás, pagarás por el daño que has causado.

El bosque, el bosque compartió sus riquezas
traición,traición fue lo que le diste
llora, llora el bosque de tristeza
queman,queman sus lágrimas por que le mentiste.

Alimento, alimento les dió por años
a tu padre, a su padre, todos aceptaron
tomaron, tomaron con ambas manos
y con el fuego, con el fuego los árboles quemaron.

Venganza, venganza grita el bosque llorando
sangre, sangre reclama el suelo con orgullo
carne, carne piden los árboles lastimados
y con tu muerte, con tu muerte...este canto concluyo.






Por Valandil (A.C.).

Heimdall

Heimdall
El Guardián,El Eterno Vigía del Bifrost, El Del Cuerno